Valentía Blog de Ángeles Caso

Probablemente a muchos de ustedes les suene el nombre de Ayaan Hirsi Ali. Por desgracia para ella, saltó a la fama en 2004. Por aquel entonces, esta mujer somalí, tras haber vivido unos años como refugiada, era miembro del Parlamento holandés. Empeñada en luchar contra las torturas físicas y psíquicas que utilizan muchos fieles de su religión, el islam, para someter a las mujeres, escribió el guión de un corto de denuncia que fue rodado por Theo van Gogh. Unos meses después, el director fue asesinado por un musulmán enfurecido, que clavó sobre su cuerpo un cuchillo con una nota de condena a muerte para Hirsi Ali. Así fue cómo la conocimos. Pero lo cierto es que no era la primera vez que recibía graves amenazas. De hecho, la parlamentaria vivía con escolta permanente desde mucho tiempo atrás, cuando se atrevió a anunciar públicamente que había perdido su fe y comenzó a criticar el trato dado por el islam a las mujeres. Así se convirtió, como antes le había ocurrido a Salman Rushdie, en un enemigo declarado para muchos de sus antiguos correligionarios, en una codiciada pieza de caza para algunos de ellos.

La editorial Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores acaba de publicar en España las memorias de esta increíble mujer, “Mi vida, mi libertad”. Un libro apasionante. En él Hirsi Ali cuenta sin tapujos su existencia, las privaciones de todo tipo, la permanente huida de las guerras que asolan África, las constantes palizas recibidas a manos de su madre, la educación destinada a convertirla en una esclava de Alá y de los hombres (son más o menos sus propias palabras). Es enormemente crítica con una manera de entender la religión que preconiza la obediencia a ciegas y la violencia, y que considera a las mujeres como seres sin derechos ni voz. Y narra cómo fueron los libros los que la salvaron del destino previsto para ella, las muchas novelas occidentales que leyó, con permiso o sin él, durante sus años como estudiante en Kenia, en una escuela que conservaba una cierta tradición británica. En esas lecturas, Ayaan aprendió poco a poco que había mujeres independientes y activas, capaces de decidir sobre sus propias vidas y de asumir las consecuencias buenas o malas de sus actos, sin la imprescindible tutela masculina que ella veía a su alrededor. Luego su valentía –y una buena dosis de suerte- le permitió huir de un matrimonio concertado con un hombre al que no conocía y convertirse en alguien semejante a las heroínas de sus libros.

Estas memorias hacen reflexionar, nos obligan a replantearnos ciertas ideas preconcebidas. Sobre todo, en lo referente a la consideración que muchos europeos otorgamos a determinadas tradiciones procedentes de otros ámbitos. Hirsi Ali intenta que entendamos que no es posible admitir en nombre de la tolerancia con otras culturas muchos comportamientos que son contrarios a cualquier respeto a los derechos humanos, y a los del sexo femenino en particular. Les animo a que las lean y piensen. Porque, como en su propio caso, leer y pensar siempre es para bien.

Publicado en El Magazine de La Vanguardia. Febrero 2007.

Valentía
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