ellos y ellas Ángeles Caso Blog

Los ciudadanos y las ciudadanas… A lo largo de la reciente campaña electoral, hemos oído un montón de veces expresiones como ésta, que molestan o provocan la burla de muchas personas. Hay quien opina que la lengua es una cuestión de economía –afirmación que he oído hacer incluso a filólogos-, negándole así la riqueza, la polisemia y en último extremo la posibilidad de contar en mil versos o en mil páginas de prosa aquello que se podría contar en dos. Y hay quien se siente tal vez perturbado, aunque sea de manera inconsciente, por la expresión lingüística de una nueva realidad social, la de la visibilidad cada vez mayor de las mujeres.

Puedo estar de acuerdo hasta cierto punto con la idea de que el uso exhaustivo del masculino y el femenino resulta cansina. Pero no olvido que es evidente que si el común plural es masculino, lo es porque lo masculino ha preponderado siempre a lo largo de la historia, y las lenguas reflejan inevitablemente las ideologías dominantes, la percepción del mundo más habitual entre quienes las utilizan. Y no sólo las reflejan, sino que tienden además a configurarlas. No me parece por lo tanto mala idea que el discurso público, el de los políticos, los enseñantes, comunicadores, etc., recuerde de vez en cuando que la mitad de la población es femenina. Pero, incluso aceptando que el uso de “ciudadanos y ciudadanas” pueda ser pesado, lo cierto es que los nombres comunes no siempre resuelven bien el problema de su significado. Si yo digo, por ejemplo, “los hombres son violentos”, ¿me estoy refiriendo a los hombres como género o a la humanidad en su conjunto? Si aseguro que “la justicia suele desproteger a los padres en caso de divorcio”, ¿aludo a los padres varones o extiendo esa idea a los progenitores en su conjunto? En tanto que escritora, he tenido que enfrentarme muchas veces a esas dudas. Y mi sensibilidad como hablante y como mujer me ha llevado a preferir los genéricos del tipo “humanidad” o “progenitores” frente a los masculinos comunes.

En cualquier caso, la desaparición del sexismo en el lenguaje no pasa sólo por la utilización de los genéricos. Estaría bien que a una mujer que disfruta con libertad de su sexualidad dejara de llamársela zorra, putón o pendón desorejado. Estaría bien que las propias mujeres aceptáramos con orgullo la feminización de numerosas profesiones a las que nos hemos incorporado en los últimos tiempos: ¿por qué tantas médicas aún prefieren ser médicos o tantas ingenieras ingenieros o tantas soldadas soldados…? Seguimos aceptando la vieja trampa del androcentrismo, tratando de demostrar que somos iguales a los hombres masculinizándonos nosotras y no feminizando la sociedad y su lenguaje. Ése es, creo yo, el quid de la cuestión. Y, por cierto, estaría bien que los diccionarios, que se supone que están organizados siguiendo un orden rigurosamente alfabético, lo hiciesen de verdad, y mencionasen en primer lugar el término femenino cuando así corresponde: ¿es acaso normal que “niño” figure antes que “niña”, como ocurre con todos los sustantivos y adjetivos que forman el masculino en –o y el femenino en –a? Cuando el orden alfabético en los diccionarios sea real y no un orden ideológico en el que prevalece una vez más lo androcéntrico, yo dejaré de defender la bondad de utilizar ambos plurales. Pero entretanto, ruego a muchos y también a muchas que se ofendan o se burlen un poco menos y traten de reflexionar un poco más.

Magazine de La Vanguardia, junio, 2007

Los y las
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15 pensamientos en “Los y las

  • Abril 20, 2016 a las 1:20 pm
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    ¡Buenas tardes, Ángeles, muy interesante su artículo! Estoy en sintonía con lo dicho y, por supuesto, intentando corregir hábitos (aún vigentes) que nos han impuesto durante años. Voces y mentes como la suya son necesarias para que todos (mujeres y hombres) [hombres y mujeres] no aceptemos todos los estos tópicos. Enhorabuena y gracias por “oír” su voz.

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  • Abril 20, 2016 a las 4:57 pm
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    Estoy muy de acuerdo. Soy profesora en un centro de Andalucía, y además coordinadora de educación, y entre todas las dificultades una de las más importantes es el lenguaje. Le agradezco este artículo que me ayuda en mi día a día. La visibilidad empieza por nombrarnos, por supuesto entre otras muchas cosas. La felicito por su línea de investigación en torno al mundo de la mujer. Yo también soy licenciada en historia del arte, es muy triste como nuestros libros de texto, no hace una sola alusión a las mujeres. Según los libros no han existido mujeres dignas de estar en los libros. Un saludo

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  • Abril 20, 2016 a las 6:37 pm
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    Por tanta coherencia humana acompañada de generosidad prefiero no enviar abrazos, sino una abrazada enorme, genuinamente femenina
    Ángeles, es mi necesidad tener una charla con usted, soy Norma

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  • Pingback: Los y las (Ángeles Caso)

  • Abril 21, 2016 a las 10:11 pm
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    Ciertamente, ahora en el siglo 21 nos podemos ocupar de abrir mas espacios para el genero femenino, después de toda una historia de la humanidad manejada y conceptuada por hombres, la resistencia al cambio es una propiedad en el humano que viene del principio de inercia de la ciencia de la física, ese cambio de los géneros en las palabras sobre el que se basa el artículo es cuestión cultural y en unos países tendrán mas rechazo que en otros, en algunos se verá mas bien como una tendencia política partidista y por lo tanto tendrá todo el apoyo de dicho partido y la adversidad de la oposición, como es el caso de Venezuela, el país donde vivo, no obstante la aprobación o desaprobación de estas normativas corresponde a la Real Academia Española , los demás seguiremos sus normas y a modo de broma mi primera profesión es la de economista ¿que tendrán que decir los hombres del género de esta profesión?.Saludos

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  • Abril 22, 2016 a las 1:44 am
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    Gracias Angeles. Eres una de mis “personas” favoritas. Siempre un placer leerte y ni pedo estar mas de acuerdo. Economía de lenguaje? Como que no estuviéramos hartas de oír sandeces!!

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  • Abril 22, 2016 a las 7:42 am
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    Bueno sin darte cuenta, has cometido “el mismo fallo” al que haces alusión( xq no dices “muchas y muchos”??y no muchos y muchas???

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  • Abril 22, 2016 a las 7:59 pm
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    Lo siento, pero resultan bastante cansinos los políticos, y en particular Pedro Sánchez, con la cantinela de “ciudadanos y ciudadanas”, “diputados y diputadas”, “nosotros y nosotras” (sic), “miembros y miembras” (él mismo se dio cuenta y lo quiso arreglar pretendiendo que lo había dicho a propósito. Si nos ponemos rigurosos, las variantes para dirigirnos a los niños de una clase serían del tipo “niños y niñas” o “niñas y niños” (al cincuenta por ciento), “niño y niñas”, si solo se cuenta un niño en la clase, y demás variantes. Y al dirigirnos a un agente del orden masculino deberíamos decir en propiedad “Señor policío”, claro. Siento que la señora Ángeles Caso sufra tanto con estas cosas, pero creo que “Bien está San Pedro en Roma, y que nadie estire más la pata que larga sea la sábana”.

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  • Pingback: ¡RAE feminista ya! | La isla de Lola

  • Agosto 22, 2016 a las 3:14 pm
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    El intento de eliminar el sexismo en el lenguaje es loable. La prudencia también lo es. En mi opinión, el uso de “progenitores” en uno de los ejemplos que usted pone es adecuado. En mi opinión, el 90 por ciento de las veces en que se usa “vascos” y “vascas” (no hay por qué excluir el cachondeo de este asunto, en absoluto) tal uso es grotesco por postizo. La calidad de este uso depende de modo inseparable de la calidad intelectual de quien hace el uso. Tal dependencia no es evitable. En la mayoría de los casos, se puede conservar la calidad expresiva sin forzar demasiado. Usando otro ejemplo de los que usted pone, puede decirse que “el ser humano es violento”. Le hago notar que, en noruego, por ejemplo, el concepto “ser humano” es femenino. Finalmente, si la expresión que uno desea no se puede conservar con genéricos, y es necesario optar (creo que no hay demasiados casos, pero si algunos) entonces es preferible elegir el femenino. Es lo que yo personalmente trato de hacer. Lo que no me parece de recibo, es usar @, o, como veo en otros escritos suyos en este sitio, una x, obviamente impronunciables.

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