El 21 de abril se cumplió el segundo centenario del nacimiento de Charlotte Brontë, que nació un día como ese de 1816, en el pueblecito de Thornton, en la comarca inglesa de Yorkshire. Os ofrezco para recordarla este artículo publicado por mí sobre Charlotte y sus hermanas Emily y Anne en septiembre de 2015, en El Magazine de La Vanguardia. Espero que os dé ganas de volver a leer a esas escritoras extraordinarias. En este blog podéis encontrar además una sección con varios poemas de Emily, traducidos por mí (también he incluido la versión en inglés). Estoy segura de que os emocionarán.

EL EXTRAÑO CASO DE LAS HERMANAS BRONTË

En lo más alto del pueblo de Haworth, al norte de Inglaterra, entre el cementerio y el paisaje rocoso de los páramos, se levanta una casa de ladrillo oscuro, con dos hileras de ventanas blancas. Una vivienda firme y sobria, construida a finales del siglo XVIII para ser el hogar de los pastores anglicanos del lugar. Entre 1820 y 1855, en ese edificio discreto ocurrió un hecho excepcional: allí vivieron y crearon sus obras, escondidas del mundo, tres mujeres geniales, las hermanas Brontë, Charlotte, Emily y Anne.

Nadie de su entorno lo sospechó. Las Brontë eran raras, desde luego. Tres solteronas, como sin duda las llamarían entonces, a las que muchos recordaban de pequeñas, criándose de una manera un tanto salvaje en compañía de su hermano Branwell. Las hijas del reverendo Patrick Brontë –un irlandés de origen campesino que se había doctorado en Cambridge gracias a una beca- estaban bien educadas y eran corteses y decentes, pero desde niñas tenían costumbres extrañas. Quizá fuera porque habían perdido muy pronto a su madre y, casi de inmediato, a sus dos hermanas mayores, arrasadas por la tuberculosis. El caso es que, como cachorritos sin dueño, solían pasear solas por los páramos, bajo el sol o bajo la nieve, y algunos afirmaban haberlas visto declamando poemas en lo alto de una roca. Aunque lo más raro de todo era lo que hacían dentro de la casa, donde las crías se pasaban el tiempo leyendo y escribiendo.

Leían cualquier cosa: los poemas de Byron o las novelas de Walter Scott, los clásicos, y también sesudas revistas de literatura y hasta los diarios de Londres, con aquellos complejos asuntos políticos tan poco adecuados para unas muchachas y sobre los que luego ellas se atrevían a expresar sus propias opiniones. Y, para colmo, desde muy pequeñas, escribían sin cesar, quién sabía qué, tal vez poemas e historias semejantes a las que leían en los libros, cosas de guerreros y doncellas seducidas y sangrientas batallas. Cosas que podía permitirse Branwell, el varón, pero no unas jovencitas que debían dar ejemplo tan solo de piedad y virtudes domésticas.

Branwell tenía talento e inteligencia. Todo el mundo sabía que estaba destinado a hacer una gran carrera. Dirigido por su propio padre, era un buen estudiante y poseía grandes dotes para la música y la pintura. Seguramente terminaría por marcharse a Londres y convertirse en alguien importante, un pintor famoso, un escritor reconocido, un político de peso.

Pero el destino de las chicas era otra cosa. Las hijas de un pastor tan solo podían hacer dos cosas en la vida: casarse o, de no lograrlo, dedicarse a la enseñanza de niñas. Una mujer de su clase no podía permitirse ningún trabajo de tipo manual o que la obligase a estar en contacto con el público, exponiendo su honra. En cuanto a las profesiones de prestigio, las que implicaban conocimientos profundos y gran inteligencia y que conllevaban buenas ganancias y renombre, ese era territorio exclusivo de los hombres, absolutamente vedado al género femenino: una mujer no podía ser médica, ni abogada, ni jueza, ni política, ni catedrática, ni ingeniera, ni nada que se le pareciese. Ni siquiera podía acceder a la universidad, aunque solo fuera por placer.

Una joven de una familia decente sólo debía prepararse para cumplir con el gran cometido de la vida, ser buena esposa y madre. Pero casarse no era un asunto tan fácil: hacía falta poseer una dote aceptable, o belleza, o al menos un carácter sumiso. Las hermanas Brontë no cumplían ninguno de esos requisitos. Su padre no tenía ni un centavo, salvo su exiguo sueldo de párroco de la iglesia anglicana. La belleza se había olvidado de detenerse sobre la casa rectoral de Haworth y dejar caer allí un poco de su preciado polvo dorado. Y el carácter de las muchachas, con su tendencia a querer saber de todo y a mantener sus opiniones en voz alta, no parecía hacer de ellas las mejores compañeras para un hombre de bien.

A medida que crecían, estaba cada vez más claro que iban a tener que dedicarse a la enseñanza. Al menos, Charlotte y Anne. Emily era demasiado huraña, demasiado sensible, y enfermaba gravemente siempre que se alejaba de casa y debía relacionarse con extraños. Se decidió que se quedase en Haworth, ocupándose junto a una sirvienta de las tareas domésticas y cuidando del padre. Ella convirtió ese espacio en un refugio en el que podía desarrollar al margen de cualquier mirada ajena lo mejor de sí misma: sus interpretaciones al piano, su extraordinaria poesía y, también, el aprendizaje del francés y el alemán, que estudiaba en la cocina, mientras pelaba patatas y horneaba el pan.

Charlotte y Anne, en cambio, se vieron obligadas a alejarse de aquel hogar que tanto amaban para trabajar como profesoras en internados o como institutrices de los hijos de familias ricas, sintiéndose frustradas y humilladas: tenían la sensación de estar malgastando sus vidas. Lo peor era el trato de sus empleadores, gentes mucho más incultas que ellas y que, sin embargo, amparadas en su riqueza, las miraban con superioridad, considerándolas miembros del servicio. Anne parecía resignada, pero Charlotte vivía en una constante tensión, confrontando la realidad que le tocaba vivir con sus sueños, especialmente con el viejo anhelo de convertirse en escritora. Envidiaba la suerte de los hombres, que podían hacer lo que les diera la gana sin que nadie les pusiera barreras.

Buscando una solución, intentó organizar una escuela en la propia casa de Haworth, pero no pudo llevarlo a cabo debido al estado de Branwell: el muchacho en el que se habían centrado todas las esperanzas de la familia iba de fracaso en fracaso y se refugiaba cada vez más en el alcohol y el opio, utilizado entonces como analgésico y fácil de conseguir en las farmacias. Branwell se volvía violento y sus hermanas se desesperaban.

Fue en medio de esa situación crítica, acuciadas por la necesidad económica y por su ansia de no volver a separarse, cuando las hermanas Brontë decidieron probar suerte como autoras. Puesto que llevaban escribiendo desde muy jóvenes, ¿por qué no intentar publicar? En 1846 editaron una selección de sus poemas. Pero lo hicieron bajo seudónimos: no querían herir a Branwell ni provocar suspicacias entre sus conocidos. Una mujer que se atreviese a publicar era vista con una enorme desconfianza, y toda clase de sospechas se abalanzaban de inmediato sobre su reputación. Firmaron con los nombres de Currer, Ellis y Acton Bell, como si se tratase de tres hermanos. El libro obtuvo buenas críticas, pero vendió un único ejemplar. Charlotte entonces animó a sus hermanas a probar suerte con la novela, un género que generaba más ingresos que la poesía.

Fue así como, a lo largo de 1846, las hermanas Brontë permanecieron encerradas en la casa rectoral de Haworth, repartiéndose las tareas domésticas para después, por las tardes, trabajar las tres juntas en el pequeño comedor de la vivienda, en secreto para su hermano y sus vecinos. Charlotte –que acababa de cumplir los treinta años- escribió Jane Eyre. Emily –veintinueve-, Cumbres Borrascosas. Y Anne –veintisiete-, Agnes Grey. Las tres utilizaron elementos autobiográficos para componer sus historias: experiencias, amores frustrados, sueños y deseos ocultos fueron vertidos por ellas en aquellas obras que, tras ser publicadas con sus seudónimos, provocaron intensos reproches morales por parte de los críticos literarios de la sociedad victoriana: ¿quiénes eran esos misteriosos tres hermanos que se atrevían a escribir unas novelas en las que las mujeres no eran seres pasivos y sumisos, sino personas complejas, llenas de ansias y rebeldía y autoconsciencia?

Aun así, las obras se abrieron camino entre los lectores, asombrados por toda aquella pasión que las hermanas habían sabido describir con un atrevimiento inaudito. Emily, molesta por las duras críticas recibidas, decidió sin embargo no volver a publicar nunca más, y regresó serenamente a su cocina, sus poemas, su música y sus lecturas en alemán, además de sus largos paseos por las montañas. Charlotte y Anne, en cambio, se animaron a seguir escribiendo. Charlotte inició Shirley, una obra con trasfondo político, y Anne La inquilina de Wildfell Hall, una sorprendente novela sobre la capacidad de una mujer para superar los estrechos límites impuestos por la sociedad.

Pero entonces, cuando creían haber alcanzado su sueño, la tragedia decidió dirigir su mirada perversa hacia aquella familia: en septiembre de 1848, devorado por el alcoholismo y la drogadicción, moría Branwell, con tan solo treinta y un años. Emily no logró recuperarse de la pérdida de ese hermano al que había cuidado con devoción y, debilitada por una veloz tuberculosis, murió en diciembre, a los treinta años. Tan solo cinco meses después, en mayo de 1849, fallecía también Anne, destruida por la misma enfermedad maldita.

Sin la compañía adorada de sus hermanas, Charlotte siguió como pudo adelante. Dio finalmente a conocer la verdadera identidad de los hermanos Bell. Continuó escribiendo –publicó en total cuatro novelas– y, como si el destino hubiera querido ser un poco clemente con ella después de tanto dolor, pudo disfrutar del éxito y del respeto de muchos escritores, a los que asombraba el inmenso talento de aquella mujer diminuta y de sus hermanas muertas. Incluso, a pesar de su edad y de la opinión en contra del reverendo Brontë, se casó a los treinta y siete años con el coadjutor de su padre. Unos meses después, en marzo de 1855, murió a consecuencia de las complicaciones de un embarazo tardío.

Patrick Brontë vivió aún seis años, viendo cómo la fama de sus hijas crecía de día en día y numerosos visitantes llegaban a Haworth en busca de algún indicio que aclarase la razón del misterioso genio de las hermanas Brontë, convertidas ya en mitos de la literatura inglesa. Cuando él falleció en 1861, la familia se extinguió al completo, como una rara planta que hubiese brotado con un esplendor inaudito durante un breve tiempo para luego desvanecerse, dejando tras de sí la huella de su belleza.

Artículo publicado en El Magazine de La Vanguardia en septiembre de 2015

El extraño caso de las hermanas Brontë
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55 pensamientos en “El extraño caso de las hermanas Brontë

    • diciembre 18, 2016 a las 7:37 pm
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      Acabo de leer su libro “TODO ESE FUEGO” y me ha encantado. El lenguaje es bellísimo. Pocos escritorES conozco con esa sencillez y elegancia narrando. Tengo la sensación de que conozco a las hermanas Brönte. Un mundo interior que compartimos en parte muchas mujeres. GRACIAS

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  • abril 22, 2016 a las 4:30 pm
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    interesante historia de las hermanas Brontë,en una época tan dificil donde la mujer estaba en un segundo plano ha sido toda una sorpresa leer sobre sus vidas ,gracias por compartirlo

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    • enero 18, 2017 a las 3:20 pm
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      Sí. Hay que pensar lo difícil que era la vida para mujeres como ellas en aquellos años.
      Un saludo y gracias.

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  • abril 22, 2016 a las 8:12 pm
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    Gracias Ángeles.
    La vida de estas hermanas bien podría ser una novela. Su vocación y válvula de escape fue la literatura y ésta las hizo inmortales.

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  • abril 23, 2016 a las 6:22 am
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    Gracias, Angeles.
    Las biografías de las hermanas Brontë nos producen variopintas y agridulces emociones. La tristeza y rabia por su condición de mujeres en un mundo de hombres, su triste destino.
    Pero, su maravillosa obra nos sigue sorprendiendo. Cada vez que releo Jane Eyre, más admiro a su autora. Y más sorprendente me parece cuanto más sé de su biografía.

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  • abril 23, 2016 a las 1:22 pm
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    Una historia muy inspiradora. Gracias por contarla. Un saludo.

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  • abril 23, 2016 a las 7:33 pm
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    Gracias Angeles, de niña leí a las Bronté en sus prosas. Y ellas dieron “sus ayudas” para que yo tardíamente escribiera,
    Desde Chile, un gran abrazo y felicitaciones por el trabajo!

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  • abril 23, 2016 a las 9:45 pm
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    Que pena,tantas mujeres como ellas hemos luchado….y ha sido solo eso lucha

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  • abril 23, 2016 a las 10:32 pm
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    Gracias por esta historia tan extensa , es mucho más completa que lo que te cuentan en el propio lugar. Me ha gustado mucho recordar toda la historia de estas mujeres que a mí me parecen revolucionarias de su época.

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  • abril 25, 2016 a las 8:35 pm
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    Precioso artículo sobre las talentosas hermanas Bronte. En la Universidad tuve el lujo de estudiar sus obras e incluso visitar su casa natal y los paisajes de Yorkshire que inspiraron sus obras. Lo recuerdo con mucho cariño. Gracias

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  • abril 25, 2016 a las 10:15 pm
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    Estuve en Haworth con mi mujer e hijo. Es un lugar de rara belleza, pero sórdido al mismo tiempo.

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  • abril 26, 2016 a las 1:54 am
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    Angeles, soy Pia Barros. Si recuerdas nuestra conversación, comuniquemos. ESta Fbook, Yo no perdi tu correo.
    Abrazos miles

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  • Pingback: El extraño caso de las hermanas Brontë

  • abril 26, 2016 a las 4:19 pm
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    Acabo de leer el libro y me ha encantado. Para conocer la personalidad y la época de las hermanas Bronte, sin duda. Un acierto. Enhorabuena,Ángeles!!!!

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  • abril 26, 2016 a las 7:30 pm
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    Hermosa historia que nos hace ver, la nula libertad que tenian y sin embargo lograron sobresalir, esto nos compromete a todas las mujerres realizarnos pues tnenemos más ventajas, y sobre todo no permitirnos identificarnos con la postura de victimas, pues nosotros decidimos nuestro roll en esta actual sociedad.

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  • abril 28, 2016 a las 2:19 pm
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    Bonita historia, romántica y dura como las vidas de estas mujeres. Gracias por contarla!

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  • abril 29, 2016 a las 12:08 pm
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    Muy buen artículo y muy bien escrito, sería bueno si escribieras una biografía de las tres. Además me sorprendió la foto que no la he visto en ningún otro lugar si no es molestia me gustaría saber quien es cada una y en que año se tomó, muchas gracias.

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  • abril 29, 2016 a las 6:32 pm
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    Siempre me ha interesado mucho la obra de estas tres fabulosas escritoras. Con tu estupendo articulo he descubierto cosas que no sabia de ellas y conocido su micromundo. Felicidades Angeles y muchas gracias!

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  • abril 29, 2016 a las 8:20 pm
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    Maravilloso artículo. Se nota que quien lo ha escrito siente la misma devoción por las que, para mí, son las mejores literatas de la historia. Gracias por compartir la triste y bonita historia de estas mujeres y felicidades por tu prosa.

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  • abril 30, 2016 a las 1:37 pm
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    Gracias por recordar la historia de estas talentosas hermanas, no la conocia pero si sus obras y sorprendentemente , las e leido y me han gustado sin saber su origen estoy gratamente sorprendida.

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  • mayo 2, 2016 a las 12:15 pm
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    Increibles mujeres , vidas efímeras pero con un legado que perdurara para siempre, nunca seran olvidadas.

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  • Pingback: Reseñas fugaces de abril – Fábulas estelares

  • mayo 9, 2016 a las 6:56 pm
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    ES TAN HERMOSA Y TAN TRÁGICA ESTA VERDADERA HISTORIA DE VIDA, QUE NO PUDE MENOS QUE EMOCIONARME. GRACIAS POR HABÉRNOSLA COMPARTIDO.

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  • mayo 9, 2016 a las 7:44 pm
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    Soy una gran seguidora de las hermanas Brontë y aunque parezca mentira cuánto más tiempo pasa más las admiro. Charlotte, Emily y Anne podrían ser perfectamente las protagonistas de una novela por como fueron sus vidas y sus personalidades ya que estas parecen estar sacadas de esa literatura que tanto amaban. Muchas veces me pregunto qué pensarían ellas de todo el legado que han dejado ya que pensaban que su recuerdo moriría con ellas y no que se convertirían en tres mujeres inmortales y admiradas por decenas de generaciones. Se han convertido en leyendas y es una pena que no lo sepan. Menos mal que sus historias son las encargadas de darlas a conocer. ¡Muchas felicidades por el artículo!

    Un saludo,

    Laura

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  • mayo 10, 2016 a las 8:42 pm
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    Creo que es una de las mejores reseñas que me he escrito, y es que los sentimientos que me generaba esta lectura eran tan variados como variables, debido al intenso cariño que me une a ellas mediante las lecturas de sus diversos libros, como la rabia y frustación que sientes como tuyas por ser mujer y por lo que tuvieron que luchar y aguantar siendo unas de las mejores plumas de la historia de la escritura.
    Aquí te dejo mi reseña de tu libro Angeles, espero que la leas, y si quieres me dices que te ha parecido. Un abrazo fuerte.

    http://entreunjardindelibros.blogspot.com.es/2015/10/todo-ese-fuego-angeles-caso.html

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  • mayo 25, 2016 a las 3:38 am
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    Hola, me parece muy interesante el artículo. Soy una admiradora de las hermanas Brontë. Desde pequeña leí sus obras, Cumbres borrascosas de Emily y Jane Eyre de Charlotte. Me llama la atención que no se mencione que Charlotte y Emily estuvieron en un internado de Bruselas en los años 1842 y 1843, donde aprendieron no sólo el francés y demás idiomas y artes, sino que también conocieron un mundo completamente ignorado por ellas y que completó de definir su pensamiento liberal y progresista como mujeres.
    Sólo eso, querría saber por que se omite ese detalle importante de haber salido de Inglaterra y estudiado en Bruselas. Gracias. Un saludo cordial.

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  • mayo 31, 2016 a las 11:09 am
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    Estoy total mente de acuerdo contigo Angeles y sobre todo luego de conocerte, me siento totalmente identificada contigo, aunque yo soy una humilde lectora.Gracias por ser como eres.Un salúdo

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  • abril 10, 2017 a las 2:19 am
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    ¡Qué maravilla conocer un poco de la vida de estas talentosas hermanas! Muy admiradas y un ejemplo de como lograron regalarnos un poco de su talento en su corta vida, a pesar de las dificultades de su época. ¡Gracias por el texto me encantó!

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