Crear Familias Ángeles CasoEn una de esas proyecciones de futuro que a veces se realizan, la ONU nos hace saber que dentro de 35 años –en el 2050-, la población española será la más envejecida del mundo, seguida de la italiana. El dato no me sorprende, aunque no deja de ser asombroso que seamos esos dos países tan amantes de la familia los que menos nos animemos a día de hoy a crear familias. Claro que, a decir verdad, probablemente sea esa misma pasión familiar la que nos dificulta el hecho de tener hijos. Aquí aún se da por supuesto que los críos son un asunto que atañe tan sólo a sus progenitores. Aunque siendo estricta debería decir que los críos son un asunto que atañe fundamentalmente a sus madres, que siguen siendo quienes en su mayor parte se ocupan de esa larga lista de actividades que, día tras día, componen la crianza de un hijo. Con suerte –y sin mencionar a los padres que se toman en serio su tarea, que también los hay-, las madres tan sólo cuentan con la ayuda de otra mujer a la que pagan por sus servicios o de unos abuelos generosos. Teniendo en cuenta que la mayor parte de las mujeres trabajamos además fuera de casa, traer hijos al mundo se convierte en una tarea casi imposible. Hablo de España, porque en otros países europeos la cosa está mucho mejor resuelta: como se confía menos en la familia, las administraciones se toman en serio la tarea de apoyar a las parejas a la hora de convertirse en progenitores. Las ayudas económicas por el nacimiento de un niño son mucho mayores. Los permisos de maternidad y paternidad más largos. Existen guarderías prácticamente gratuitas por todas partes, muchas de ellas en las propias empresas. O incluso fórmulas como la de las nuevas nourrices francesas, señoras que acogen en sus casas a uno o dos bebés de los que se ocupan a un precio mucho más razonable que el de una cuidadora a domicilio. (E indico además que, en contra de lo que ocurre en España, los gastos de ese tipo que genera un hijo son desgravables en buena parte de Europa.) Y luego están las redes vecinales, organizaciones entre madres y padres del mismo edificio o la misma calle que se ponen de acuerdo para llevar a varios niños juntos al colegio o hacerse cargo de ellos mientras otros progenitores trabajan. Tengo amigas en los países nórdicos, en Inglaterra, Alemania y Francia, y para todas ellas ha sido mucho más fácil criar a sus hijos de lo que lo ha sido para las españolas de mi generación. Han estado apoyadas y respaldadas por los gobiernos, los ayuntamientos y la sociedad. Y también por sus parejas con mucha mayor intensidad que nosotras. Han podido seguir adelante con sus carreras, mientras que aquí el absurdo de los interminables horarios laborales y la desprotección hace que prácticamente la mitad de las mujeres se vean obligadas a reducir la jornada laboral o a abandonar directamente el trabajo en el momento en que tienen un hijo, renunciando así a aquello a lo que una mujer jamás debería renunciar: su independencia económica y su propio desarrollo profesional. Ellas han tenido dos, tres y hasta cuatro hijos sin problemas. Nosotras nos hemos visto obligadas a plantarnos en uno, y eso haciendo juegos malabares. Pero, por supuesto, llenándonos la boca con las virtudes de la familia… Ah, sí, familia, agrupación de viejecitos de varias generaciones unidos por lazos de sangre, dirán los diccionarios dentro de unos años en este país tan familiar.

Artículo publicado en Magazine de La Vanguardia mayo 2007

Crear familias
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6 pensamientos en “Crear familias

  • Abril 21, 2016 a las 1:01 pm
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    En el año 1988 en Alemania Federal las camareras realizaron el reclamo de poder conciliar la maternidad con el espacio laboral, concurriendo a sus trabajos con los bebés puestos sobre su cuerpo, generalmente como lo lleva la mujer Boliviana, así realizaban su horario laboral.
    Mientras en la Alemania Democrática las madres dejaban antes de entrar al trabajo a los niños que si tenían guarderías gratuitas, con las mejores condiciones sanitarias, educativas, de alimentación y ocio. Pero no apoyo el mundo aquel avance humanizado, sino está explotación humana en nombre del dinero. Será el Karma?

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  • Agosto 22, 2016 a las 3:26 pm
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    El cansino, reiterativo y gastadísimo discurso victimista: ya que ud. no lo menciona, le diré que hay muchos hombres – casos, además, muy cercanos – que se han pasado a ejercer la paternidad sin que estuviera en la bitácora de su vida, tan sólo por complacer las ansias de maternidad de sus parejas; sin comerlo ni beberlo, se ven, de la noche a la mañana, cambiando pañales y pasando las noches en vela cuando el bebé llora – porque en el fondo, a pesar de sus resabios, el número de varones que son responsables en su papel de progenitores aumenta pero ha tenido ud. la mala fortuna de nacer en tiempos en que la sociedad, tímidamente, empezaba a cambiar -; padres que lo son, sí o sí ante la determinación de su cónyuge o pareja quien ha decidido satisfacer sus deseos por encima de todo, y desterrados y extraños ante su progenie cuando la relación se tuerce y es que parece representar un guiño de la fortuna el que los versos de Fernández Granados se hagan realidad: …”No tengo mujer con la suficiente alevosía, inocencia o amor para darme a ese hijo. Tampoco la he buscado”…

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    • Diciembre 12, 2016 a las 11:27 pm
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      Pobrecitos… estoy por llorar… cambiar pañales y dormir poco… ¡qué drama! no me lo puedo imaginar… y seguro que, mientras, sus adoradas mujeres por ahí todo el día, quedándose en el trabajo hasta las 1000 para no volver a casa y tener que «ayudarles». Y el fin de a pescar y cazar q después de esforzarse tanto seguro q necesitan relajarse. ¡Pobres sus conocidos!
      Yo conozco algún caso en que ellos fueron padres sin quererlo para que su pareja no se fuera (aunque conozco mas que les fueron dando largas hasta que ellas se artaron y los dejaron), pero conozco también casos en los que ellas no quería tener hijos y accedieron por él y, como en mi caso, que los dos quieren por igual. Pero si todos tienen algo en común es que el peso de los hijos, con mucha diferencia, lo acabamos llevamos nosotras. Claro que hay excepciones, en general consistentes en que una tercera persona se haga cargo de los niños mientras la pareja trabaja, se va de viaje,etc, y supongo q algún varón habrá que se implique mas que su pareja (haberlos, digo yo, que ailos). Por cuanto a las separaciones son mucho más difíciles de lo que usted describe, suele haber mucho odio. Pero yo diría que muchos hombres son ya unos extraños a sus hijos antes del divorcio y si él ha hecho simplemente lo que le correspondía, q es cuidar junto a su pareja de esos hijos que libre y responsablemente quiso tener, aunque fuera por hacer feliz a su pareja o para que ésta no se fuera, esa madre, q tanto los deseaba, usted dice que ¿tendría que dárselos?¿No sabe lo qué es la custodia compartida? Lo evidente es que usted no sabe qué es querer a un hijo, parece que confunde tener un hijo con tener un perro. Y el poema, yo diría que habla de un hombre q no se siente con ganas de ser padre, incapaz de cuidarlo y de amarlo lo bastante para verlo sufrir cuando se lance solo a la vida, él no quiere q nadie le de un niño como quien da una planta.

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  • Diciembre 23, 2016 a las 11:04 am
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    Partiendo de la base de que hablo de mujeres responsables – y no de las que llegan a las 1000 como ud. dice, lo que parece entrar conceptualmente en contradicción con “el peso de los hijos, con mucha diferencia, lo acabamos llevando nosotras”. Accusatio non petita. – no debe olvidar que el discurso de buenos y malos – o de buenas y malos – es patente femenina aunque eso no es lo peor sino que, además, quiera presentarse como legítimo ante la sociedad y con ello lograr carta blanca a la hora de perpetrarse el sinnúmero de tropelías que tienen lugar impunemente a la hora de dirimirse los procesos contenciosos de disolución matrimonial. A título ilustrativo, intercalo el texto de un artículo escrito por un autor de prestigio: “Mi amigo Paco -lo llamaremos Paco para no complicarle más la vida- es divorciado desde hace tiempo, de ésos a los que la mujer, un día y como si no viniera a cuento, aunque siempre viene, le dijo: «Ahí te quedas, gilipollas, porque me tienes harta», y se largó de casa. Al principio, como tienen un hijo de ocho años, la cosa funcionó en plan amistoso, pensión de mutuo acuerdo y demás, tú a Boston y yo a California. Pero la ex legítima, cuenta Paco, se juntó con unas cuantas amigas también divorciadas que empezaron a crear ambiente. Cómo dejas que ese hijoputa se vaya de rositas, sácale los tuétanos, y cosas así. Lo normal. Además, una de las compis era abogada, así que Paco lo tenía claro. Su ex lo pensó mejor, se le puso flamenca, y al año de separarse le había quitado la casa, el coche, el perro, las tres cuartas partes del sueldo y la custodia del niño. «Y no me quitó la moto -dice Paco-, porque me arrastré como un gusano, suplicando que me la dejara».” La custodia compartida en esos casos, como comprobará, es harto difícil, especialmente si la mujer decide saltarse a la torera los horarios de visita – a la orden del día – o indispone a la prole diciendo que su padre es un monstruo. Para puntualizar el asunto – aunque estoy seguro de que no lo hará – comentarle que se me antoja complicado establecer un plano de identidad entre el cuidado de un hijo con el de un perro pues, siento decepcionarla, no tengo perro que atender… como también me resulta un disparate compararlo con cuidar a una planta. Saludos.

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  • Diciembre 23, 2016 a las 11:34 pm
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    Una vez un fiscal de menores me comentó que en los divorcios, cuando los conyuges daban las razones por las que querían divorciarse, era alucinante pq no tenían nada q ver, parecía que hubieran estado casados con personas diferentes. Y resulta que el señor Pérez Reverte, conociendo solo la versión de una parte, ya sabe porqué le dejó su mujer… Tener una idea preconcebida y hacer un artículo sobre ello basado solo en la mitad de la información y en tus prejuicios personales no parece en absoluto profesional. Si no lo hubiera firmado alguien conocido, no merecería ni dos palabras.
    Por cierto, no tengo ninguna fijación con usted, y me parece muy bien que entre en el blog que quiera y dé su opinión.
    Y unas modestas aclaraciones. Leí los dos artículos, sin fijarme en el nombre ( y de hecho, todos los artículos de este blog) antes de contestar y contesté primero al otro. Sin querer mezclé los dos artículos y fue al releerlo cuando me dí cuenta de que ahí no hablaba de hijos, y tras borrar buena parte de lo escrito lo envié. Después busqué dónde había leído yo de niños… y lo encontré aquí.
    Gracias por su clase magistral en su otro artículo, lo de antropocéntrico me dí cuenta nada más mandarlo, de mi error de lectura, tras su aclaración. Por otro lado, yo no he hablado en ningún momento de mujeres irresponsables, aunque a usted se lo parezca y no ovido nada, yo no creo que el discurso de buenos y malos sea propiedad de nadie (decir eso y luego transcribir ese artículo de un varón, lleno de mujeres “malas” y con dos hombres “buenos”, hace que ésto no requiera más explicación).

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